Bibliografía - I.V. APOTHECARY

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BASE TEÓRICA PARA LA TERAPIA NURICIONAL INTRAVENOSA

La administración intravenosa de nutrientes puede lograr concentraciones séricas que no se pueden obtener con administración oral, o incluso intramuscular (IM). Por ejemplo, a medida que aumenta la dosis oral de vitamina C de forma progresiva, la concentración sérica de ascorbato tiende a acercarse a un límite superior, como resultado tanto de la saturación de la absorción gastrointestinal, como del aumento brusco del aclaramiento renal de la vitamina.3 La ingesta de vitamina C aumenta 12 veces de 200 mg/d a 2.500 mg/d, la concentración plasmática aumenta solo en un 25%, de 1.2 a 1.5 mg/dL. El nivel sérico de vitamina C más alto informado después de la administración oral de dosis farmacológicas de la vitamina es de 9.3 mg/dL. En contraste, la administración intravenosa de 50 g/d de vitamina C dio como resultado un nivel plasmático máximo medio de 80 mg/dL.4

De forma similar, la suplementación oral con magnesio produce pocos o ningún cambio en las concentraciones séricas de magnesio, mientras que la administración IV puede duplicar o triplicar los niveles séricos, al menos durante un corto período de tiempo.5,6 Se ha demostrado que varios nutrientes ejercen efectos farmacológicos que en muchos casos dependen de la concentración del nutriente. Por ejemplo, se demostró un efecto antiviral de la vitamina C a una concentración de 10-15 mg/dL, un nivel alcanzable con terapia IV pero no oral. A una concentración de 88 mg/dL in vitro, la vitamina C destruyó el 72% de la histamina presente en el medio.7 No se analizaron concentraciones más bajas, pero es posible alcanzar los niveles séricos de vitamina C dando varios gramos en una inyección IV, el cual producirá un efecto antihistamínico in vivo. Tal efecto tendría implicaciones para el tratamiento de diversas afecciones alérgicas.

Los iones de magnesio promueven la relajación del músculo liso vascular y bronquial, efectos que podrían ser útiles en el tratamiento agudo de la angina vasoespástica y el asma bronquial, respectivamente. Es probable que estos y otros nutrientes ejerzan efectos farmacológicos adicionales, aún no identificados, cuando están presentes en altas concentraciones.8,9 Además de tener efectos farmacológicos directos, la terapia de nutrientes IV puede ser más efectiva que el tratamiento oral o IM para corregir los déficits de nutrientes intracelulares. Algunos nutrientes están presentes a concentraciones mucho más altas en las células que en el suero. Por ejemplo, la concentración media de magnesio en las células del miocardio es 10 veces mayor que la concentración extracelular. Esta proporción se mantiene en células sanas mediante un sistema de transporte activo que continuamente bombea iones de magnesio en las células, contra el gradiente de concentración. En ciertos estados de enfermedad puede verse comprometida la capacidad que tiene las bombas de membrana celular para mantener gradientes de concentración normales.

En un estudio que se realizó en la Escuela de Medicina de la Universidad Católica, se observo que la concentración media de magnesio miocárdico fue un 65% menor en pacientes con miocardiopatía que en controles sanos, lo que implica una reducción de la relación intracelular a extracelular a menos de 4 a 1.10 Dado que el magnesio desempeña un papel clave en la producción de energía mitocondrial, la deficiencia intracelular de magnesio puede agravar la insuficiencia cardíaca y conducir a un círculo vicioso de pérdida adicional de magnesio intracelular e insuficiencia cardíaca más severa.

La administración intravenosa de magnesio al producir un aumento marcado, aunque transitorio, en la concentración de suero, proporciona una ventana de oportunidad para que las células enfermas tomen magnesio contra un gradiente de concentración más pequeño. Los nutrientes absorbidos por las células después de una infusión intravenosa eventualmente pueden volver a filtrarse, pero tal vez se produzca cierta curación antes de que ocurra. Si las células se «inundan» repetidamente con nutrientes, la mejora puede ser acumulativa. Se ha observado que algunos pacientes que reciben una serie de inyecciones IV se vuelven progresivamente más saludables. En estos pacientes, el intervalo entre los tratamientos puede aumentarse gradualmente y, finalmente, las inyecciones ya no son necesarias. Otros pacientes requieren inyecciones regulares durante un período de tiempo indefinido para controlar sus problemas médicos. Esta dependencia de las inyecciones intravenosas podría ser el resultado de cualquiera de los siguientes: (1) un deterioro genéticamente determinado en la capacidad para mantener las concentraciones de nutrientes intracelulares normales;11 (2) un error innato del metabolismo que puede controlarse únicamente manteniendo un valor concentración normal de un nutriente particular; o (3) una fuga renal de un nutriente.12 En algunos casos, la terapia IV continuada puede ser necesaria porque un estado de enfermedad es demasiado avanzado para ser reversible.

 

 

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